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Museo Arte Público

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José María Subirachs (1927)

Al otro lado del muro, 1972. 284 x 147 x 155 cm. Hormigón y piedra caliza

Al otro lado del muro, 1972. 284 x 147 x 155 cm. Hormigón y piedra caliza

La obra de Subirachs del Museo de Arte Público, Al otro lado del muro, está compuesta por un monolito de hormigón, de carácter arquitectónico, atravesado por seis esferas de piedra caliza. Con ambos elementos -panel y bolas- el artista realiza un juego de contrastes tanto en las formas como en los materiales. Este último, en origen estaba más acentuado porque las bolas eran de aluminio, pero fueron sustituidas al poco tiempo por otras mas resistentes, a causa de las agresiones que sufrió la pieza. No obstante, se conserva aún la diferencia de texturas entre la superficie lisa de la caliza y la rugosidad del hormigón, que presenta las marcas del encofrado así como varias circunferencias incisas, que aluden a las figuras situadas al otro lado. Una de las características de la composición es la frontalidad, junto con un gran sentido del equilibrio y la simetría, una simetría perfecta simbolizada por las propias figuras esféricas, según el ideal clásico.

La escultura corresponde a una serie que realizó el autor sobre el motivo de las esferas de 1965 a 1972, al mismo tiempo que continúa con la idea de las Penetraciones, de un cuerpo en otro, que reaparece con frecuencia en su obra. Aunque se inscribe dentro de su etapa de nueva figuración, en ella hay un "clima" abstracto por el propio concepto que significa la pieza. Representa una acción "congelada" en el tiempo: el desplazamiento en el espacio de una bola que atraviesa un muro, mediante el recurso de representar la secuencia de la misma figura en la trayectoria recorrida. En ella se produce un estudio de las relaciones entre el movimiento, el espacio y el tiempo, éste último una de las preocupaciones siempre presentes en la obra de Subirachs. Existe un boceto en pequeño tamaño de esta escultura, en bronce, perteneciente a la colección del artista.

Aunque el itinerario artístico de José María Subirachs ha recorrido muy diferentes estilos, que van desde el clasicismo "noucentista" hasta la nueva figuración pasando por el expresionismo y la abstracción, hay una serie de elementos formales, iconográficos e incluso materiales que se han ido incorporando a lo largo de su carrera y le confieren una gran coherencia y unidad a su obra.

Nacido en Barcelona en 1927, Subirachs se inició dentro del espíritu de figuración "noucentista" que dominaba el ambiente artístico catalán. Estudió con el escultor Enric Monjó, pero fué en la Escuela Superior de Bellas Artes y los meses que estuvo en 1947 en el taller de Enric Casanovas, genuíno representante de este movimiento, los que le orientaron hacia los ideales clásicos de proporción, equilibrio y claridad. sus primeras obras son voluminosos cuerpos femeninos de suaves curvas, en terracota, piedra y bronce. En 1950 el artista inició una segunda etapa expresionista, en la cual las figuras, sometidas a enormes tensiones, se deforman en líneas angulosas, con una alternancia de volúmenes y huecos que resaltan el carácter dramático de muchas de estas obras. En ellas la materia cobra protagonismo, acentuándose la textura de las superficies, y las formas adquieren un carácter arquitectónico, heredado directamente de Gaudí. Las esculturas en bronce para el Santuario de la Virgen del Camino de León, realizadas entre 1958 y 1960, son un ejemplo tardío pero significativo de esta fase.

Subirachs estuvo tres meses en París en 1951, gracias a una beca, y más tarde permaneció en Bélgica durante dos años (1954-1956) en los que viajó por los Países Bajos y Alemania. Ello le brindó la oportunidad de conocer las nuevas tendencias de la escultura europea, que ejercieron bastante influencia en su evolución artística. Así comenzó una progresiva estilización de la figura humana, con una eliminación también gradual de elementos figurativos, que le condujo, sin ningún tipo de ruptura, hacia la abstracción.

A mediados de los años 60 se produjo en la obra de Subirachs una vuelta a la figuración, dentro del denominado "realismo fantástico". Esta corriente no imita simplemente a la naturaleza, sino que intenta transformarla mezclando elementos reales e imaginarios con un significado determinado. El resultado son composiciones artificiosas en las que se introducen numerosos juegos de contrastes: en el tema -hombre y mujer, vida y muerte-, en las formas -volúmen y hueco, positivo y negativo-, en los materiales -madera y metal- e incluso en las técnicas, combinando pintura y escultura, como en la serie de Cuadros al óleo sobre bronce (1982-1983). En esta nueva etapa, que se prolonga hasta la actualidad, se reafirma el tema del hombre como el más importante para el autor, en especial del cuerpo femenino que aparece casi siempre fragmentado, con frecuencia estas figuras se inscriben en recios muros arquitectónicos, con columnas o túnicas clásicas que muestran su interés por las culturas del pasado y la arqueología. En general, en sus últimas esculturas se mezclan elementos simbólicos, eróticos y un cierto sentido del humor.

En su variada trayectoria, el artista ha realizado un gran número de monumentos públicos. El encargo mas importante de su carrera ha sido el conjunto escultórico para la Fachada de la Pasión del Templo de la Sagrada Familia de Gaudí en Barcelona, comenzado en 1986, y que ha levantado una gran polémica sobre la conveniencia o no de continuar la obra del arquitecto catalán.

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