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Museo Arte Público

Gustavo Torner (1925)

Plaza-Escultura, 1972. 218 x 391 x 391 cm. Cobre y granito.

Plaza-Escultura, 1972. 218 x 391 x 391 cm. Cobre y granito.

En el Museo, se le adjudicó a Torner un espacio de 7 x 15 m en la calle Serrano. En este caso, el artista diseño como un conjunto unitario la pieza a exponer y el ámbito en el cual iba a estar situada, una pequeña terraza -mirador desde donde se disfruta de una bonita vista del resto del recinto, y a todo ello lo denominó Plaza-Escultura. Según él mismo explica, esta idea de abarcar con su composición toda la parcela, se le ocurrió cuando recordó el texto de Borges sobre el emperador "que quiso tener un plano muy exacto del imperio y ocupó una provincia; lo quiso más exacto y ocupó el imperio entero". Así, pensó en representar una plaza con una fuente, de manera que el público no se diera cuenta de que todo era una escultura, excepto aquel que "con sensibilidad y atención mirase detenidamente".

No obstante la obra tuvo modificaciones en su realización respecto a los materiales y algunos detalles que desvirtuaron en cierto modo la idea original del artista. Consta de una plataforma construída en granito del Brasil muy pulido, que en un principio se concibió en toba volcánica -una piedra porosa que permite crecer la vegetación-, con un mecanismo para que se deslizase sobre ella una lámina de agua sin apenas movimiento, imitando el brillo de la escultura, sin embargo la instalación nunca ha llegado a funcionar como fuente. Sobre este pedestal van anclados cuatro elementos geométricos dispuestos de tal forma que, en palabras de su autor, "aluden a una esfera que no existe". El color rojizo del cobre empleado en su elaboración, producía un fuerte contraste con los negros y marrones de la plataforma, pero hoy día este efecto se ha perdido por el oscurecimiento del metal. Respecto al enlosado de la placita, tampoco estaba pensado en mármol, sino en un material más rústico -quizás en cemento- para que se mezclara todo el conjunto con el entorno natural. En 1993 el artista donó generosamente los bocetos de esta obra al Museo de Historia (Antiguo Museo Municipal de Madrid).

Gustavo Torner, nacido en Cuenca en 1926, formó parte junto con Gerardo Rueda y Fernando Zóbel de la denominada "escuela conquense", que a mediados de los años 60 protagonizó uno de los primeros intentos de institucionalizar el arte moderno en nuestro país, con la fundación del Museo de Arte Abstracto Español en esta misma ciudad.

Torner fué un artista autodidacta. Estudió Ingeniería Técnica Forestal y comenzó a ejercer su profesión en 1946 en Teruel. Su habilidad como dibujante le proporcionó el encargo de unas láminas de botánica para la obra Flora Forestal de España, dibujos de gran calidad y precisión científica, que constituyeron para él verdaderos ejercicios de estilo. Los viajes que hizo en 1950 a Francia e Italia fueron importantes en esta época en la que se estaba definiendo su vocación artística. Un año más tarde se instaló en Cuenca, donde continuó trabajando como ingeniero, pero ya con una definitiva inclinación por el mundo de la pintura, en que ejerció un gran influencia su amistad con Antonio Saura.

El tema fundamental en las primeras obras del artista fué la Naturaleza, por la que siempre ha sentido un gran interés. En 1956 elaboró su primera obra abstracta: Roca. Con ella inició una etapa, que se inscribe dentro del infomalismo, en la que pretendía expresar un concepto, sin ningún tipo de referencias figurativas, por medio de los materiales empleados, incidiendo especialmente en sus texturas. En un principio reflejaba el aspecto de rocas agrietadas, troncos viejos, musgos y tierras, utilizando tan sólo pintura al óleo, pero más tarde, para aumentar esta sensación, lo mezcló con otros ingredientes como feldespato, arena, cáñamo, o raíces vegetales.

A mediados de los años 60 la obra de Torner se hizo mucho más compleja, en su afán por conseguir una mayor expresividad. Sustituyó el lienzo por madera o metal, comenzó a introducir objetos y todo tipo de materiales -plástico, cartón, piel sintética, nylon, etc.-, y realizó una serie de montajes con un gran sentido escenográfico. A esta etapa pertenece la serie Homenajes a artistas del pasado, comenzada en 1965. En estas composiciones, como en el resto de la obra de Torner, suelen aparecer imágenes contradictorias con un significado concreto. Zóbel lo definía como un "mundo equívoco y borgesiano" en el que se confunden realidades y apariencias, los opuestos se tocan y nada es realmente lo que parece ser.

Paralelamente, en estos mismos años el artista se inicio en el campo de la escultura, con el Monumento Conmemorativo del I Congreso Mundial Forestal, realizado en 1966.Una obra elaborada con troncos de árboles y acero inoxidable, que se inscribía perfectamente en el entorno donde había sido ubicada, en plena serranía de Cuenca. Entre 1971 y 1977 Torner se dedicó en gran medida a esta actividad escultórica monumental. En líneas generales, son piezas de gran tamaño y formas geométricas sencillas, en las que utiliza todo tipo de materiales y conserva su interés por las texturas y el tratamiento de las superficies. A pesar de que están construídas con elementos simples sin embargo suelen tener una gran complejidad técnica, con montajes en los que se introducen a veces elementos mecánicos, como agua, electricidad, etc. Son composiciones que transmiten una determinada idea, cuya comprensión puede resultar complicada para el espectador si no está familiarizado con el proceso mental del artista. En Madrid hay varios monumentos suyos instalados en lugares públicos, entre ellos La rectitud de las cosas, junto al Museo de Historia (1980).

En 1965 Torner abandónó definitivamente su carrera como ingeniero para dedicarse exclusivamente a la creación plástica. Desde entonces, ha alternado la pintura y la escultura con las más variadas actividades artísticas: obra gráfica, figurines para obras de teatro, escenografías, tapices, etc. También ha realizado diseños de espacios ambientes, como la decoración de las tiendas de la casa Loewe y la reestructuración de diversas salas del Museo del Prado. en este campo destaca su trabajo -de 1963 a 1966- en el Museo de Arte Abstracto Español de Cuenca, donde intervino para que se instalara la colección, aportada por Zóbel, en el inmejorable marco de las Casas Colgadas y realizó todo el montaje de las salas de exposición. En la actualidad es el asesor artístico de la fundación Juan March y en 1993 ha sido nombrado miembro de la Academia de Bellas Artes de San Fernando.

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