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El Madrid del Siglo de Oro

Juan de la Corte. Fiesta en la Plaza Mayor. Óleo sobre lienzo. Museo de la Historia
Juan de la Corte. Fiesta en la Plaza Mayor, óleo sobre lienzo. Museo de Historia

El siglo XVII se abrió con el traslado a Valladolid de la Corte, decisión de Felipe III, influida por su valido el duque de Lerma (1601-1605). Una vez vuelta a la situación anterior a partir de 1606, la Villa y Corte, dividida en seis distritos, vio terminada su Plaza Mayor en 1619, según diseño del arquitecto Juan Gómez de Mora. La plaza, construida sobre la confluencia de las calles Atocha y Toledo en la antigua Plaza del Arrabal, era capaz de acoger a más de 50.000 almas en los festejos diversos que allí tenían lugar y se configuró como principal lugar de mercado de la ciudad. Otras plazas del centro de la ciudad fueron las de la Cebada y Balnadú así como la plaza de Palacio.

La villa, dividida en trece parroquias, experimentó un auge constructivo en lo que toca a la proliferación de iglesias, conventos y fundaciones pías surgidas al amparo del poder real o de la nobleza. La villa construyó una nueva sede para su Ayuntamiento y realizó importantes obras para la captación de agua por medio de nuevos “viajes” o conducciones subterráneas para el abastecimiento de la población. Otros edificios importantes fueron construidos, la Cárcel de Corte o importantes palacios de la nobleza como el de Uceda, junto al Real Alcázar. El estilo arquitectónico a lo largo de la centuria evolucionó desde un manierismo severo, inspirado en El Escorial, marcado por el arquitecto Juan Gómez de Mora hacia un barroquismo expresado por una mayor libertad de líneas y proporciones y un gusto decidido por lo decorativo bajo la influencia del artista polifacético de origen andaluz Alonso Cano.

Uno de los principales empeños de este periodo es la construcción de un nuevo sitio real, el Buen Retiro, iniciativa del valido del rey Felipe IV, el conde-duque de Olivares que integraba un gran palacio de recreo, jardines, fuentes, canales, estanques y huertas, situado al extremo este de la villa y futuro motor de desarrollo de la ciudad. La calle de Alcalá se convirtió en un potente eje de desarrollo urbano vinculado a esta zona. Una cerca con fines fiscales rodeaba la villa con una superficie de 732 Has. constriñendo su expansión., situación que se prolongaría hasta 1868 en que fue demolida por completo. En el Buen Retiro tanto los artistas plásticos como los dramaturgos produjeron unas obras esenciales para que se desarrollara el Siglo de Oro, del que Madrid fue el centro indiscutible.

Al hilo de la capitalidad nació la primera imprenta de Madrid, la de Alonso Gómez y Pierre Cosin. La actividad teatral, servida por los grandes ingenios del siglo de Oro se desarrolló pujante en los corrales de comedias del Príncipe y de la Pacheca. La villa se hizo lugar de encuentro y celebración de los más grandes artistas de la literatura y las bellas artes (Cervantes, Quevedo, Lope de Vega, Calderón, Tirso de Molina, Velázquez, Zurbarán, Rubens, Alonso Cano... Madrid no viviría otro momento de mayor esplendor cultural como este.

La Villa albergó en tiempos de Felipe III, en su condición de Corte, a un nutrido grupo de pintores, influidos por el foco escurialense e imbuidos de un manierismo reformado y también de un naturalismo incipiente. Los artistas italianos y flamencos venidos a Madrid ejercerán una fuerte influencia en el panorama artístico de la corte de Felipe IV. En el entorno de las conquistas artísticas del pintor del rey, Diego Velázquez,  se configuró una escuela madrileña de pintura de gran esplendor que coincidió con el reinado del último Austria, Carlos II, entre los que destacó Claudio Coello.

El mejor testimonio gráfico para conocer este Madrid del Siglo de Oro, ámbito de las novelas picaresca y cortesana y de la comedia de capa y espada, es el Plano Topographico de Madrid de Pedro Teixeira, de 1656, impreso en Amberes. En este plano se puede ver el barrio literario surgido en la vecindad de los corrales de comedias, las academias literarias y los mentideros, los nuevos palacios y conventos o la disposición radial de muchas de sus calles, surgidas de los enlaces con los antiguos caminos a otras localidades, Alcalá, Fuencarral, Hortaleza... En 1600 la población de Madrid era de unos 45.000 habitantes con una pérdida substancial sobre el siglo anterior derivada del traslado temporal de la Corte a Valladolid, con Felipe III. Retornados a la situación anterior pocos años después la población crece exponencialmente hasta llegar en 1659 a los 142.000, aunque los ritmos de crecimiento serán muy irregulares con una tendencia a la estabilización.

Texto e imágenes del Museo de Historia de Madrid

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