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Madrid y la Guerra de la Independencia

Manuel Castellano. Muerte de Daoíz y la defensa del parque de Montelón. Óleo sobre lienzo. Museo de...
Manuel Castellano, Muerte de Daoíz y defensa del parque de Monteleón, óleo sobre lienzo. Museo de Historia

La Guerra de la Independencia contra los franceses (1808-1814) se produce en un momento de crisis política: a la debilidad del monarca español, Carlos IV, se suma la ambición de su hijo Fernando y la del primer ministro, Godoy. Hijo de la revolución francesa, el autoproclamado emperador Napoleón aprovechó esta crisis para entrar con su ejército en territorio español con el pretexto de invadir Portugal, que se había negado a secundar el bloqueo contra Inglaterra, siendo su intención extender el proyecto revolucionario a toda Europa, incluyendo España.

Cuando en enero de 1808 se produce la entrada de tropas francesas en España no existe ninguna sospecha de agresión, ya que todos están convencidos de las buenas intenciones del aliado. Los partidarios del príncipe Fernando se amotinan en Aranjuez en el mes de marzo y consiguen la destitución de Godoy y la abdicación de Carlos IV. En Madrid es asaltado el palacio del Almirantazgo, donde vive Godoy, y Fernando entra triunfalmente en la capital donde es aclamado como nuevo rey. Por poco tiempo: en abril, padre e hijo, convocados por Napoleón en Bayona, son obligados a abdicar. El hermano del emperador francés, José, se encargaría de reinar en España.

Esta decisión marcaría el inicio de la desconfianza y de la decepción del pueblo español hacia el hasta entonces amigo Napoleón. En Madrid ya se vive el malestar por la convivencia con las tropas francesas al mando del general Murat, que el primero de mayo es abucheado en la Puerta del Sol. Murat comunica a la Junta de Regencia constituida la obligación de trasladar a Bayona al resto de la familia real, la Junta se niega, Murat insiste, la tensión aumenta ...

El día 2 de mayo comienzan a concentrarse ciudadanos en torno al Palacio Real decididos a impedir el cumplimiento de la orden del traslado. Un batallón francés carga contra los sublevados y comienza una dura batalla. Los capitanes Daoíz y Velarde mueren en la defensa del parque de artillería de Monteleón. En la Puerta del Sol el ejército francés se enfrenta a una población descontenta y desarmada.

La jornada fue sangrienta, a las muertes debidas a los combates hubo que sumar la dura represión: registros domiciliarios, detenciones, juicios sumarísimos, fusilamientos, se sucedieron en días posteriores. Testigo de la contienda, Goya narra de forma magistral en El 3 de mayo de1808 en Madrid: los fusilamientos en la montaña del Príncipe Pío el dramatismo y la violencia de la represión.

La abdicación definitiva de Carlos IV y los lamentables sucesos del dos de mayo madrileño determinaron el comienzo de la sublevación en el resto de las provincias españolas. Se inicia así una cruenta guerra en la que la resistencia, organizada por las Juntas de Defensa, obligó a Napoleón a mantener durante mucho más tiempo que el que había calculado un frente abierto. Zaragoza, Gerona, Valencia se fueron sumando al alzamiento.

En junio Napoleón promulga la Carta de Bayona, por la que España se convierte en una monarquía constitucional gobernada por su hermano José I ( 1808-1813). Se trata de una Constitución que aboga por la libertad de prensa y los derechos ciudadanos, aunque se muestre respetuosa con la condición católica de la mayoría de los españoles.

En el Madrid ocupado se instaló José Bonaparte con la intención de modernizar la ciudad aunque siempre contó con la oposición del pueblo madrileño, que le obsequió con apodos tan halagüeños como “Pepe Botella” o el “Rey plazuelas”. El Consejo de Castilla declaró nulas las abdicaciones de Bayona y tras la derrota francesa en Bailén José I se vio obligado a retroceder hasta Vitoria.

En septiembre se constituye, en Aranjuez, la Junta Central Suprema como órgano de gobierno en las zonas no ocupadas y como órgano rector de la guerra, aglutinando las Juntas Provinciales, que será presidida por el conde de Floridablanca. La creación de esta Junta fue definitiva para la posterior reunión de Cortes en Cádiz y redacción de la Constitución de 1812.

En noviembre, ante la respuesta militar española y las dificultades para gobernar de José I, Napoleón decide ponerse al frente de un gran ejército de 150.000 hombres experimentados. Tras la batalla de Somosierra, toma definitivamente Madrid y consolida a su hermano José.

La guerra se prolongó entre escasas y aisladas victorias españolas debidas en gran parte a la permanente presencia de la guerrilla. La intervención de Inglaterra integrando en su ejército, al mando del general Wellington, las tropas españolas y portuguesas fue decisiva para que en Cádiz, única ciudad no controlada por los franceses, se convocaran Cortes Constituyentes y se creara un Consejo de Regencia, que en marzo de 1812 promulgó la primera Constitución liberal en España.

La Constitución de 1812, conocida popularmente como “La Pepa”, consagraba una monarquía moderada hereditaria en un régimen político cuyos representantes serían elegidos por los ciudadanos, basado en la división de poderes, protector de la libertad de conciencia y de imprenta, donde además se abolía la temible Inquisición.

Este movimiento político de reafirmación nacional también contribuyó a la derrota de las tropas francesas que comienzan a disminuir en 1813 para reforzar la campaña en Rusia, provoca la huida de José I y su abdicación, hasta que finalmente la Corona española es devuelta a Fernando VII en virtud del tratado de Valençay.

En 1814 las Cortes, reunidas en Madrid, organizan el regreso del monarca español, liberado por Napoleón, con la esperanza y el convencimiento de que jurará la Constitución. Fernando VII disolvió las Cortes y abolió la Constitución.

El régimen constitucional fue, pues, alumbrado en medio de una situación extrema. El pueblo madrileño primero, y español después, se vio embarcado en una guerra de liberación nacional contra un enemigo que, enarbolando la bandera de la libertad, sojuzgó y reprimió las ansias de independencia.

Goya, una vez más, supo reflejar con brutal realismo la barbarie y las miserias de una guerra que sumió a los madrileños en la desolación. La serie de estampas Los desastres de la guerra, grabadas entre 1810 y 1815, su obra más comprometida, muestra el horror de la contienda sin concesiones, contrapunto de las imágenes heroicas y aduladoras que proliferaron en la época.

A los desastres de la guerra hubo que sumar los estragos del hambre. El aislamiento y los destrozos de las cosechas provocaron graves problemas de abastecimiento. Entre 1811 y 1812 mas de veinte mil madrileños morían a causa de la escasez de alimentos y de las enfermedades. El cuadro pintado por José Aparicio en 1818, aclamado en su época y denostado después. El hambre de Madrid refleja, a pesar de su torpeza, la dramática situación vivida.

Texto e imágenes del Museo de Historia de Madrid

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