Descripción monumental

Casa de la Panadería

Iniciada por Diego Sillero en 1590 para el gremio del pan, será acabada y transformada en 1617 por Gómez de Mora al integrarla en el conjunto de la Plaza Mayor

A nivel artístico es de destacar su fachada y a nivel histórico su Cuarto Real.

CUARTO REAL:

Situado en la planta primera o noble se trata de un conjunto para uso exclusivo de la Corona que, en calidad de propiedad y patrimonio de Su Majestad el Rey, puesto que para él y sus reales familia y casa, fue expresamente encargado, diseñado y construido (1590-1619).

El Cuarto Real se abre a la Plaza Mayor. Desde sus balcones la monarquía vio desfilar ante sí durante siglos la historia de España, presidieron fastos y actos montados en su honor para recreo propio y contemplación popular: procesiones, autos sacramentales, corridas de toros, carnavales, beatificaciones y canonizaciones.

Dicho Salón Real estaba formado por la Cámara Real (con balcones a la Plaza Mayor) y la Antecámara Real (interior), espacios idénticos en sus dimensiones y estructura arquitectónica, con los techos decorados, con pinturas al temple de Claudio Coello y José Ximénez Donoso (1672-1674). Ambos salones estaban unidos por tres grandes vanos rematados en arcos toscanos de medio punto. Debido a intervenciones en el edificio hasta 1948 estos arcos se encontraban tabicados, formando dos estancias independientes que estuvieron destinadas a biblioteca y sala de investigadores del Archivo de la Villa. La propuesta de Joaquín Roldán estuvo perfectamente dirigida a reabrir dichos arcos, restituyendo al doble espacio la configuración arquitectónica unitaria y original.

Junto a estos espacios se encuentra la llamada "Galería de los Caballeros".

De la decoración original solo se conservan las pinturas de la cámara que da a la plaza, que fueron ligeramente restauradas por Arturo Mélida y Alinari en 1901. Las pinturas, al temple, se plantearon como homenaje del municipio a la monarquía, por ello se representó el escudo de la casa de Austria, ocupando todo el centro, sostenido por las figuras de las cuatro virtudes cardinales, dando así a la monarquía el doble carácter de poseedora y defensora de la virtud, y alrededor grupos de amorcillos, que sostienen ramas y cintas entre celajes. Una nueva restauración tuvo lugar a finales del siglo XX en a cargo de  Santiago Serrano y Javier Sellers.

El resto de la decoración está formado por arquitecturas fingidas que dividen el espacio en ocho lunetos, cuyo interior está ocupado por medallones en que se muestran algunos de los trabajos de Hércules, alegoría suficientemente conocida del triunfo del Bien y alusión a la misma monarquía, por la vinculación que se suponía con el héroe. En los correspondientes a los lados mayores se pueden ver representados, de izquierda a derecha, la Lucha de Hércules con el toro, con el dragón y con la cierva, y en el lado opuesto Hércules con el trípode, la Lucha de Hércules con el león y con la hidra.

En la antecámara, reparada en 1901 y pintada ese mismo año por Arturo Mélida y Alinari, la decoración es menos interesante y está pintada al fresco queriendo reproducir el antiguo temple. Pretende fingir unos estucos por medio de decoración fingida, suntuosa, con columnas, sin ocultar la estructura del techo. No pretende cambiar la percepción ni el espacio.

El zócalo, de metro y medio de altura, fue realizado por los ceramistas, Alfonso Gutiérrez y José Martínez cubría las escaleras, el Salón y las galerías llamadas de Damas y Caballeros que para tal efecto usaron más de 15.000 azulejos de Talavera de la Reina del siglo XVII. El azul talaverano se entremezcla con los escudos heráldicos de la Casa de Habsburgo, anaranjados y henchidos de cuarteles y toisones. Este zócalo fue restaurado por del ceramista y conservador Antonio Perla con azulejos de los siglos XVII, XVIII y XIX.

De las paredes penden tapices flamencos con personajes mitológicos como Venus, Adonis, Escipión y Asdrúbal, entre soldados y fieras. Estos paños fueron tejidos en seda y lana con hilos de oro y plata.

Sobre el suelo de loseta castellana color teja, una alfombra moderna de Manuel Morón Medina con fábrica en Horcajo de los Montes (Ciudad Real), en nudo turco, en tonos gris plata, azul y oro cálido, acorde con las dimensiones de la parte anterior de la estancia, diez por seis metros muestra un escudo real rodeado de una leyenda que reza: "Muy noble, muy leal, muy heroica, imperial y coronada Villa de Madrid". Con estos títulos entregados por los Reyes a Madrid en diferentes periodos, dejamos claro la relación siempre mantenida entre la monarquía y Madrid, y por añadidura a esta noble Casa testigo de una parte importante de la Historia de España.

FACHADA:

En la fachada hay una acentuación del eje central con el balcón real y el escudo y la terminación con torres cuadradas con chapiteles en los extremos. Estas torres fueron decoradas posteriormente, la una con un barómetro de tipo aneroide y, la otra, con un reloj. Entre las mismas se encuentra una corona dorada con la inscripción REYNANDO CARLOS II GOBERNANDO DOÑA MARYANA SV MADRE 1674. En el centro de la fachada se encuentra el escudo de armas del rey Carlos II esculpido por el italiano Barbieri, junto con la inscripción PLAZA MAYOR y más abajo RESTAURADA AÑO MDCCCLXXXI.

En la fachada hay, además, dos lápidas en las que se conmemoran las efemérides de la construcción y reconstrucción del edificio:

  • La primera:

 "Reinando Felipe III y por su mandado se deshizo y derribó la plaza antigua de esta villa y se labró de nuevo en tiempo de dos años, siendo Presidente de Castilla Don Fernando de Acebedo Arzobispo de Burgos y superintendente de Castilla el licenciado Pedro de Tapia del Supremo Consejo de Castilla y de la general Inquisición y Corregidor Don Francisco de Villacís caballero de la Orden de Santiago y Regidores Comisarios Juan Fernández y Don Gabriel de Ocaña de Alarcón caballero de la Orden de Santiago, Juan de Piñedo, Francisco Enríquez de Villacorta y Don Fernando Vallejo Gentil Hombre de la casa de Su Majestad u se acabó en el año 1619".

  • La segunda:

"Reinando Don Carlos II y gobernando la Reina Doña Mariana de Austria su madre y tutora, habiéndose quemado esta Real Casa de la Panadería el día dos de agosto de 1672, se reedificó desde los cimientos mejorada en fábrica y traza siendo Presidente de Castilla Pedro Núñez de Guzmán Conde de Villaumbrosa y Castronuevo y superintendente de la obra Don Lorenzo Santos de San Pedro del Consejo Real de Castilla, caballero de la Orden de Santiago, y Corregidor de esta villa Don Baltasar de Rivadeneira y Cuñiga Marqués de la Vega del Consejo de hacienda y caballero de la misma orden y Regidores Comisarios Don Gerónimo Dalmao y Casanaey y Rafael San Guineto Don Tomás de Álava y Arigón y Don Andrés Martínez Navarite caballeros del mismo Orden y Caballería de Santiago. Acabose en diecisiete meses. Año de 1674".

Programa pictórico de la fachada

La fachada fue adornada por primera vez en 1796 con medallas pintadas por Antonio González Velázquez, encargado de la ornamentación y renovación de la Plaza Mayor. Dichas intervenciones fueron restauradas a principios del siglo XX por Arturo Mélida y en 1914 fueron sustituidas por otras pintadas por Enrique Guijo. En 1988, el Ayuntamiento de Madrid abrió un concurso restringido para renovar el aspecto de la fachada, al que concurrieron Guillermo Pérez Villalta, Sigfrido Martín Begué y Carlos Franco. Este último sería el ganador del concurso y, junto con un equipo de ocho pintores, ejecutaron en 1992, durante nueve meses, el proyecto.

Franco optó por la mitología popular, el respeto al significado de ciertos restos (jarrones y cariátides) de la obra de su antecesor, Enrique Guijo, y la traducción castiza de la mitología clásica: Cibeles, Proserpina, Baco, Eros.... unida a la historia y distintos usos del edificio; así El pintor aprendiz y su musa o El panaderico.

La fábula mitológica recreada como una corte en la fachada, rinde tributo a la diosa Cibeles y celebra sus bodas con Acuático, unión de la que nacerá una luminosa descendencia. Pero el artista trató de recoger, también, las vicisitudes que el pueblo de Madrid había sufrido y disfrutado en la plaza, así como otras nociones forjadas, de manera permanente, en la imaginería popular.

Así, pues, Cibeles y Acuático procrearon a Lagunilla, Panaderico, Tritoncillo y Monopez. Pero los benéficos influjos que emanaban de aquella unión atrajeron a otros dioses: Baco, Eros y Abundia, así como a otras figuras destinadas a engrandecer el séquito de forma permanente: El Sabio, El Embozado, Los Niños y El Toro, Los Gatos, El Pintor y su Musa, El Hombre Vegetal, Cástor y Pólux con Hilaria y Febe, hijas de Leucipo, a quienes habían raptado.

Iconografía

Paños:

Iconografía del Primer Piso (de izquierda a derecha)

  • Baco. Baco, dios del vino, recuerda el Carnaval y las tasas de vino impuestos para la reconstrucción de la plaza.
  • El Majo Torero. Representa el conocimiento popular.
    Panaderico. Un niño panadero alude a la antigua función de la Casa de la Panadería.
  • Lagunilla. Esta figura de ninfa representa la charca sobre la cual se asentó el terreno de la primitiva Plaza del Arrabal.
  • Tritoncillo. Fauno acuático que simboliza los caudales de agua dulce, tan abundantes en Madrid.
  • Niños y Jarrón. Alegoría de las fiestas populares que se celebraron en la plaza.

Iconografía del Segundo Piso (de izquierda a derecha)

  • Cupido. El joven Eros representa el amor y la música, la alegría festiva y el goce de vivir en una ciudad confiada a su destino.
  • El Sabio. Depositario de la cultura a través de la erudición y del conocimiento. También homenajea el haber albergado la Casa de la Panadería el Archivo de la Villa y el Instituto de Estudios Madrileños. En segundo plano aparece un león que hace referencia a la iconografía de San Jerónimo, preservador de la cultura.
  • Cibeles. Cibeles descendió de su carro y desunció a los Dragones, que al posarse en tierra se convirtieron en leones.
  • Acuático. Dios Oriental, que rememora la relación de Madrid con los musulmanes.
  • Isidra. El Ángel de San Isidro Labra los campos. Alude a San Isidro, patrón de los madrileños.
  • Abundia. Esta diosa representa el desarrollo agrícola conseguido por los árabes, la abundancia de vituallas y el benéfico clima de Madrid.

Iconografía del Tercer Piso (de izquierda a derecha)

  • Cariátide Negra. Sostiene una copa y simboliza el amor a la noche.
  • Cariátide Blanca. La cariátide lectora simboliza el amor al saber.
  • Proserpina. La hija de Ceres encarna el amor a la vida.
  • Proserpina. La hija de Ceres encarna el miedo a la muerte.
  • Cariátide Blanca. La cariátide lectora simboliza el miedo a la ignorancia.
  • Cariátide Negra. Sostiene una copa y simboliza el temor a la noche.

Medios paños:

Iconografía de la Torre izquierda 

  • Macho Cabrío con gafas y muertos detrás. Alegoría del pintor Francisco de Goya.
  • Ave Fénix. El Ave Fénix es como el emblema de la plaza reconstruida tras los tres incendios que asolaron parte de su recinto.
  • El Grutesco. Alegoría del hombre vegetal.
  • Figuras trepadoras. Alegoría de la habilidad de los madrileños para escalar murallas.
  • El Pintor y su Musa. El joven pintor y su musa, en memoria de haber sido la Casa de la Panadería la primera sede de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.
  • Monopez.

Iconografía de la Torre derecha

  • La Tarasca. La tarasca de la procesión del Corpus Christi de Madrid.
  • El Pintor y su Musa.
  • El Grutesco.
  • Figuras trepadoras entre llamas.
  • Figuras trepadoras y gato.
  • Asno con gafas. Alegoría del pintor Francisco de Goya.
  • Sardina.
  • Monopez.
  • Gaviotas.

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