Sabías que...

A partir de la segunda mitad del siglo XVIII, Madrid contaba con 7 bombas a mano. Los matafuegos y mozos mangueros que se dedicaban a extinguir los incendios, tenían que saber usarlas y conocerlas con exactitud para que desarrollaran el trabajo al máximo rendimiento.

Estas máquinas se estropeaban con mucha facilidad por su frágil composición y continuado uso, haciéndose necesario que el servicio de incendios demandara de los conocimientos de un profesional que entendiera sobre esta materia. Como decían en aquella época, necesitaban "un hombre inteligente".

El 4 de diciembre fue contratado un maquinista hidráulico y constructor de bombas, Juan Jorge Graupner, de 31 años y de origen alemán, concediéndose por primera vez en Madrid el cargo de “Maestro Bombero”.

Durante los primeros años realizó importantes reparaciones en las bombas; modificó los depósitos de madera a latón para que fueran de mayor duración y evitar principalmente las fugas de agua por estar la madera podrida. Se pintaron en color encarnado y la mayor parte de sus piezas se cambiaron y repararon, como ruedas y el cañón por donde salía el agua.

El maestro Graupner para seguir restaurando e incluso fabricar bombas, necesitaba gran cantidad de latón, y al enterarse de la existencia de unas minas de calamina en la ciudad de Alcaraz, en Albacete, se trasladó para reconocer dichas minas el 3 de julio de 1771, en posesión de una Real Orden de SM Carlos III y previa licencia del ayuntamiento por termino de dos meses. Al volver a Madrid expuso su proyecto al Ayuntamiento “la construcción de unas fabricas de latón y cinc para extraer la materia prima necesaria para la construcción de bombas y otros utensilios” .

El 19 de febrero de 1773, por Real Cédula, eran creadas dos fábricas, la de San Juan y San Jorge, convirtiéndose en las primeras de España y las segundas del mundo. 

El "primer bombero de Madrid" concluyó su larga carrera en 1791, dejando sin duda grandes adelantos para el servicio de incendios de la capital y sin ninguna exageración para España. Sus extraordinarios conocimientos en materia de incendios, su constancia y disciplina en la construcción de bombas e instrucción de las mismas, hicieron de este ingeniero un hombre aventajado de su época.

En la ciudad de Alcaraz donde murió el 14 de enero de 1801, crearía hasta 5 fábricas que llegaron a ser de las más productivas del mundo y alrededor de estas, se construyó un pueblo que hoy se llama Riópar, en la provincia de Albacete. Los productos fabricados en Riópar cosecharon las más altas distinciones, ganando medallas de oro, plata y bronce en distintas exposiciones Internacionales como las de Madrid (1850), Londres (1862), Filadelfia (1876), París (1878), Barcelona (1888) y la gran medalla de oro del Consejo Superior de la Sociedad Científica Europea de París.

Pese a la desaparición de estas fábricas en 1993, la tradición del bronce sigue ligada a este bonito municipio e incluso podemos apreciar en una de sus calles y en la escuela taller que llevan el nombre de “Juan Jorge Graupner”.

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