En la Farmacia Deleuze Isasi y en el Restaurante La Bola se han instalado placas conmemorativas diseñadas por Antonio Mingote

La Ciudad de Madrid homenajea a sus comercios centenarios

11/04/2007
  • El Programa de Reconocimiento de Comercios Centenarios destaca el servicio a los ciudadanos y su integración en el patrimonio histórico y cultural de Madrid
  • Casas con solera y tradición como Lhardy, Labra, Ciriaco, El Riojano o la Real Botica de la Reina Madre ostentan ya la distinción que les acredita como  comercios centenarios
  • Las placas que se instalan en cada una de estas tiendas son de bronce y han sido diseñadas por el académico Antonio Mingote

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Desde hoy, la Farmacia Deleuze Isasi -instalada en la calle San Bernardo, 39- y el Restaurante La Bola -en la calle de la Bola, 5- lucen en sus fachadas sendas placas que recuerdan la solera de estos establecimientos y la admiración y el respeto de la Ciudad de Madrid hacia las tiendas que han sobrevivido varios siglos. La concejala de Medio Ambiente y Servicios a la Ciudad, Paz González, ha descubierto estas placas con las que ya son veinte los comercios destacados por el Ayuntamiento madrileño dentro de su Programa de Reconocimiento de Comercios Centenarios que se inició en febrero del año pasado.

“El comercio hace ciudad”, lema acuñado por los responsables municipales,  lleva a afirmar que el comercio de proximidad en el centro de Madrid es un pilar básico para el desarrollo económico y social de la ciudad. Los establecimientos centenarios además de dar servicio a los ciudadanos a lo largo de más de un siglo, se han integrado en el patrimonio histórico y cultural e incluso en el paisaje de la ciudad. En la mayoría de las ocasiones, estos comercios se han convertido en referentes turísticos obligados.

El Ayuntamiento de la Ciudad de Madrid  rinde homenaje no sólo a la casa comercial, a las tiendas, si no también a los tenderos y al servicio vocacional que se percibe en todos los establecimientos. Muchos de ellos fueron pioneros de siglos pasados, han estado en la vanguardia  en el siglo XIX, forman parte del Madrid retratado por Pérez Galdós, Valle-Inclán o Baroja y,  conservando su estilo y su buen hacer, han llegado al siglo XXI como importantes agentes económicos de la ciudad.

Hasta el momento, establecimientos con prestigio y solera como los restaurantes Lhardy, Labra o Ciriaco; farmacias como la Real Botica de la Reina Madre, de Colomer o la de la calle Mayor, 44;   pastelerías como El Riojano o la Del Pozo; librerías como la Médica Nicolás Moya o la de Gabriel Molina ostentan ya la placa que les acredita como comercios centenarios.

La firma de Mingote
Las placas que hacen referencia a  los comercios centenarios, se colocan en la vía pública, delante de la puerta. Están realizadas en bronce fundido y su diseño es obra del académico, humorista,  escritor y madrileño de adopción, Antonio Mingote que colaboró con el Consistorio de manera desinteresada.

Cada una de ellas es una pieza única porque aunque la leyenda es la misma: “El Ayuntamiento de Madrid agradecido por los servicios a la ciudad” se le añade, según el establecimiento de que se trate, un grafismo referente al tipo de comercio  y la fecha del inicio de su actividad.

Farmacia Deleuze Isasi
Según los escasos testimonios que existen, procede de la época de Carlos III. Destaca por su decoración barroca que se asemeja más a una estancia palaciega que a una botica. Los tradicionales tarros de botica son porcelanas procedentes de la Real Fábrica del Buen Retiro. Destacan también la gran araña del techo y los lienzos de las paredes. En la rebotica, de estilo modernista,  hay un busto de Galeno y una copa con la imagen de Platón.

Tras unos años de gran deterioro, en 1948 la farmacia se restaura para recuperar su decoración y su esplendor original.

Restaurante La Bola
En 1870, la asturiana Cándida Santos transforma una botillería -que funcionaba desde el año 1802- en una casa de comidas que se hizo famosa por su cocido guisado en un fogón de ascuas de encina. Había en aquel entonces tres tipos de cocido: el de los obreros, el de los estudiantes y el más completo, con carne y tocino,  para políticos y periodistas.

La Bola sigue funcionando como prestigioso restaurante y en la actualidad está regido por la sexta generación de la misma familia./

 

 

 


 

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