Ramón y Ceesepe. Espacios para ser, espejos para crear

El Museo de Arte Contemporáneo ofrece a partir del 25 de abril un recorrido por el taller del pintor Ceesepe que se podrá ver en la sala de audiovisuales en la segunda planta del museo.

'Mi cuerpo se pasea por mi habitación llena de libros y espadas y con dos cruces góticas'.

Momento, Juan Eduardo Cirlot.

Cuando un creador transciende el objeto prioritario de su atención y expande su conciencia artística a otros múltiples universos, comienza a habitar el espacio como si este fuera la traslación matérica de todo su imaginario, construyendo así su particular cámara de maravillas.

Hoy en el Museo de Arte Contemporáneo vinculamos a dos grandes artífices del 'campo expandido' (fórmula que debemos a Rosalind Krauss): Ramón, un escritor que transcendió la literatura y Ceesepe, un ilustrador y pintor que fue más allá de las artes plásticas.

Dos cosmogonías expresadas en multiplicidad de objetos que hacemos confluir para entenderlas y sentirlas en simultaneidad: junto al Despacho de Ramón presentamos la exposición virtual del taller - estudio que Ceesepe tenía en la calle Mayor.

Dos artistas madrileños y universales al mismo tiempo que anclaban su inspiración en el casticismo propio de nuestra ciudad al tiempo que traspasaban fronteras: unidos ambos por una poderosa inclinación hacia todo lo que fuera expresión viva y auténtica.

'El futuro es el plagio del pasado', greguería de Ramón.

Cinco años antes de morir Ramón, en 1958, viene al mundo Ceesepe, quien parece tomar el testigo de su maestro: la admiración que sentía por Ramón siempre fue en él explícita y manifiesta, era su artista invitado.

Don Ramón Gómez de la Serna, grabado a color. Ceesepe, 1989

Inspirándose en Ramón Ceesepe tituló El Diario Mudo a uno de sus cuadernos, dibujó greguerías y se declaraba incongruente: 'yo, en la incongruencia, siempre estoy alegre'.

Entre las más elocuentes similitudes entre los dos creadores está su fascinación por El Rastro, donde ambos encontraban los objetos más bizarros e inverosímiles que más tarde, al más puro estilo Duchamp, dotarían de valor artístico al integrarlos en sus personales escenografías.

Sumergirse en la atmósfera del estudio de Ceesepe y empaparse de su mundo abigarrado, exuberante y evocador es respirar horror al vacío y es recordar que también el ambiente ramoniano se desborda febrilmente.

Y en este juego de espejos se desvelan dos máscaras en sus respectivas Automoribundias y los artistas se vuelven a espejar.

Entrar en el estudio de Ceesepe es trasladarse a un universo de suelos alfombrados de colores que se convierten en imágenes evocadoras de extraño caos ordenado, donde se escucha la melodía de sus pinturas, repletas de cafés bulliciosos, sirenas que pierden su cola a favor de unas largas y hermosas piernas, toreros desdentados, peces voladores, autorretratos adivinados, perfiles de madera de todas las formas y tonalidades e imágenes circenses que podían haber sido descritas por Ramón (El Circo, 1917).

Y en medio de este baile, los artefactos, que se ocultan y se muestran en todos los rincones y recovecos; además de los botes de pintura, caballetes, lienzos, papeles multicolores, pinceles, bastidores, calendarios, fotos, discos y libros, muchos libros. 

Pasen, vean y disfruten.

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