El lápiz del paseante. Ismael Cuesta (1899-1982).

Ismael Cuesta, hijo y nieto de fotógrafos, nació en la casa de la Puerta del Sol donde su padre tenía el estudio de fotografía. Su talento para las artes plásticas se manifestó en una amplia producción de trabajos realizados con el lápiz con el que desarrolló su pasión por el dibujo en multitud de publicaciones, dibujos por los que la exposición hace un amplio y gráfico recorrido. 

  • Gratuito

Fecha

El lápiz del paseante. Ismael Cuesta (1899-1982). www.madrid.es 20/11/2020 26/11/2020 28/03/2021

Del jueves 26 de noviembre de 2020 a las 12 horas al domingo 28 de marzo de 2021 a las 20 horas

Sala de exposiciones temporales del Museo de Historia de Madrid 

No es necesaria inscripción.

A los seis años, con motivo de unas fiebres que le obligan a guardar cama, su padre le regala un cuaderno y unos lápices con los que empieza a dibujar con frenesí. Este descubrimiento del dibujo, la línea y el color le sugiere todo un mundo de posibilidades hasta convertirse en una vocación que ya no le abandonará hasta la misma víspera de su muerte. La observación del trabajo de su padre empieza a formar su concepto de composición e iluminación, que luego utilizará en sus dibujos profesionales y se convertirá en una de sus singulares características. 

Cuando termina sus estudios pasa a ser profesor de Dibujo en el propio Colegio San Antón. A partir de 1914 sus chistes empiecen a aparecer ya en algunos medios como El fusil. Se presenta a las oposiciones para ingresar en la Real Escuela de Bellas Artes de San Fernando y logra superar las pruebas. La frenética actividad que va desplegando en algunas publicaciones se ve consolidada cuando hace un par de portadas para Blanco y Negro y cuando irrumpa en las páginas de Buen Humor. Decide entonces trasladarse a un estudio propio con algunos compañeros situado en la calle Horno de la Mata, cercano a la Gran Vía. Allí frecuentará la noche y descubrirá la bohemia, los barrios bajos y los burdeles cercanos, de donde extraerá ideas para sus dibujos. 

A pesar de los numerosos encargos que recibe, Madrid se le queda pequeño y decide viajar a París en 1924, ciudad en la que se residirá hasta 1934. 

Diez años en los que su estilo progresa­ría a pasos agigantados, exploran­do a cada momento nuevas solu­ciones gráficas, sin duda influido por lo que va descubriendo en las salas de exposiciones parisinas (Van Dongen, Matisse, Picasso, Gauguin, Rodin, Cézanne, Vallotton, Josef Eberz, o Davringhausen…). Frecuenta la bohemia de la ciudad y participa en numerosas publicaciones, a la vez que envía dibujos a otras de Madrid; incluso diseña los decorados de  "Colorín", la primera película en la historia del cine español en la que sale un desnudo femenino integral. Pero la exitosa carrera que estaba iniciando en París se ve interrumpida por el estallido de la Guerra Civil, que ha dejado en la ruina a sus padres que han tenido que abandonar el estudio de la Puerta del Sol. Volverá para ayudarles y hacerse cargo del estudio. 

Al terminar la guerra, se encuentra reclamado como “prisionero de guerra”, y el cómputo de sus enseres se reduce a dos carpetas de dibujos, un cajón de libros y su perro pastor. Decide recuperarse volviendo al estudio de la Puerta del Sol y comienza un trabajo incansable publicando chistes, historietas, caricaturas, portadas, etc. Trabaja con minuciosidad y empeño, pero los tiempos han cambiado y los editores exigen trabajos menos reflexivos. La Codorniz nunca contó con él. 

Poco a poco va encontrando trabajos como ilustrador en varias instituciones, en el Noticiero Español o en el periódico ABC. También da clases de pintura y dibujo. Realiza series para revistas infantiles y juveniles, como Bazar o la Biblioteca de Tía Tula. Dibuja para en revistas taurinas como El Ruedo o El Burladero. En 1943 recibe la Medalla de Plata del Salón de Humoristas y participa en la puesta en marcha de la Asociación de Dibujantes Españoles. Estalla ahora el Ismael más exuberante porque puede expresarse libremente retratando a la nueva sociedad que ha surgido en la posguerra.

Sigue dibujando sin descanso hasta el final, aunque no sin sufrir momentos de desánimo por encontrar trabas de la censura en su trabajo. Muere en su estudio de la Puerta del Sol el 25 de diciembre de 1982.

Con esta exposición se ha querido mantener la memoria de este artista que siempre se mantuvo fiel a la pasión por al dibujo.

 

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