Francisco de Goya y los frescos
La Ermita de San Antonio conserva el conjunto de frescos que realizó Francisco de Goya, y que hacen de este espacio un auténtico museo de la técnica del fresco, por el conjunto resultante sorprendente, original y de avances técnicos y la interpretación personalísima de Goya.
La pintura mural del interior de la Ermita de San Antonio de la Florida fue encargada a Francisco de Goya en la primavera de 1798. En una «Memoria» de ese mismo año queda documentada la entrega de diversos materiales para la obra a partir del 15 de junio y los viajes del pintor desde su casa a la ermita del primero de agosto al 20 de diciembre.
Con amplia experiencia en la pintura al fresco, el aragonés no había sido empleado en las decoraciones murales del Palacio Real de Madrid ni en los palacios y casas de campo del monarca en los Reales Sitios, quedando encasillado durante décadas en la pintura de «cartones» para la Real Fábrica de Tapices. Aunque este trabajo en la ermita constituye su obra maestra en pintura mural, no recibiría encargos semejantes de la corte y sí la realización de parejas de retratos de los soberanos que le sirvieron para obtener el nombramiento de primer pintor de cámara el 31 de octubre de 1799.
En la cúpula representó uno de los milagros de san Antonio de Padua, cuando el sacerdote portugués resucita a un joven asesinado para que exculpe a su padre, Martim de Bulhões, injustamente acusado del homicidio. Los variados personajes representados en torno a la barandilla han sido descritos como madrileños de la época. En la pincelada suelta de algunos rostros se reconoce la estética empleada más de veinte años después por el genio aragonés en sus célebres «Pinturas Negras», demostrando a finales del siglo XVIII una valentía pictórica que sitúan estos frescos en la vanguardia del arte de su tiempo. Creó asimismo un bello efecto lumínico y de rico colorido en los ángeles niños y en las «ángelas» que se reparten por los arcos torales, lunetos y pechinas, y en el cuarto de esfera del ábside, con las figuras fuertemente contrastadas que adoran el símbolo de la Santísima Trinidad.
Al pie del altar está la tumba de Goya, con sus restos mortales, salvo el cráneo, que fueron traslados de Burdeos a España en 1899 y llevados finalmente a la ermita en 1919.