Principios Rectores

Los cuatro principios rectores del lenguaje claro se basan en la premisa de que un documento será utilizable si la información que contiene es pertinente, encontrable y comprensible, de modo que las personas destinatarias puedan usarla con facilitad. Son los siguientes:
PRINCIPIO 1 Pertinente
Los lectores obtienen lo que necesitan.
El punto de partida para la producción de un texto en lenguaje claro es el análisis, por parte de sus autores, de aspectos clave como la identificación de los lectores, de sus objetivos, y del contexto en el que se leerá el documento. Este principio permite seleccionar el tipo de documento adecuado y los contenidos que necesitan los lectores.
PRINCIPIO 2 Encontrable
Los lectores pueden encontrar fácilmente lo que necesitan.
Las personas deben poder determinar rápidamente de qué trata el documento y si este les resulta útil. Una buena estructura y un diseño adecuado permiten localizar fácilmente la información necesaria y anticipar lo que sigue en el texto. Este principio abarca tanto la organización interna del contenido (apartados, títulos, llamadas, resúmenes) como la forma en la que el documento se presenta, etiqueta y vincula en los distintos canales, para que sea fácilmente localizable.
PRINCIPIO 3 Comprensible
Los lectores pueden entender fácilmente lo que encuentran.
Para que el documento se entienda como un todo coherente, cada una de sus partes —desde la redacción hasta la estructura— debe ser clara por sí misma. Es fundamental unir estas piezas de forma lógica utilizando palabras familiares, frases cortas y párrafos breves. Además, se debe mantener un tono respetuoso adecuado al contexto y apoyarse en recursos visuales solo cuando sirvan para aclarar el contenido.
PRINCIPIO 4 Utilizable
Los lectores pueden utilizar fácilmente la información.
Cuando se aplican correctamente los principios anteriores, las personas destinatarias deberían poder utilizar la información de forma eficaz. Para garantizarlo, este principio pone el foco en la evaluación, del documento a lo largo de todo su ciclo de vida: desde su elaboración, incluyendo la participación de personas lectoras, hasta su uso real. Los resultados de estas evaluaciones permiten comprobar si el documento cumple con su propósito práctico y si es necesario mejorarlo o retirarlo.
Un documento está redactado en lenguaje claro cuando su contenido, estructura y diseño facilitan que las personas destinatarias encuentren la información que necesitan, la entiendan correctamente y puedan usarla para tomar decisiones o llevar a cabo acciones.