Un estanque con pasado histórico y ecológico

El agua del Lago de la Casa de Campo pertenece a un ecosistema natural que se depura y renueva constantemente.

Ahora que el Ayuntamiento ha vaciado el Lago de la Casa de Campo para acometer una restauración integral es un buen momento para conocer el ciclo del agua de este peculiar ecosistema acuático, donde se desarrolla una gran actividad recreativa, deportiva y medioambiental.

El estanque es artificial pero su nacimiento se encuentra en varias corrientes naturales de agua que actualmente se aprovechan para llenar el vaso del lago y que circulan por la Casa de Campo y alrededores. Se trata de arroyos y pozos subterráneos que ya existían cuando Felipe II quiso acondicionar en 1560 el Real Sitio y encargó la construcción de cinco lagunas al arquitecto Juan Bautista de Toledo.

Estos estanques se dedicaron a la navegación, la cría de peces para el consumo humano o el patinaje sobre hielo. Este deporte todavía da nombre a la Glorieta de Patines, una rotonda construida junto al Lago. Con el paso del tiempo unos perdieron su uso y otros se conservaron, hasta que a finales del siglo XIX y principios del XX se unieron para convertirse en la estructura que conocemos hoy en día.

El Lago tiene una superficie de 80.150 metros cuadrados con un volumen de 164 millones de litros. Su perímetro es de 1.370 metros con una profundidad que oscila entre un metro en la orilla y 4,50 metros en el centro.

La cantidad de agua permanece estable gracias a una depuradora que cumple con las exigencias de la Unión Europea respecto a la calidad ecológica del agua. Cuando finalicen las obras de rehabilitación está previsto volver a llenar el estanque solo con recursos hídricos naturales.

Abastecimiento de agua

La fuente más importante de suministro es el arroyo Meaques, un afluente del río Manzanares que nace en Alcorcón y atraviesa la Casa de Campo por el Zoológico y desemboca en el Manzanares al sur del Puente del Rey. Antes de llegar al Lago, junto a la Fuente de Neveros, existe una compuerta que permite el desvío de agua cuando se necesita. El cauce no es constante porque se trata de un arroyo natural que depende de las lluvias.

Otra de las vías de llenado del Lago es el aprovechamiento de las aguas que se filtran desde la capa freática en la estación de Metro de Príncipe Pío. Éstas se bombean a un colector con un cauce de unos 25 metros cúbicos a la hora, y mediante una motobomba se impulsa el agua hasta el estanque, que se encuentra a una distancia de 630 metros.

Esta infraestructura de bombeo cuenta con una estación de control de la calidad del agua, ubicada en el Vivero de la Casa de Campo, que permite transmitir datos con los niveles de pH, temperatura, oxidación, turbidez y conductividad. Este sistema garantiza en todo momento la excelencia de la calidad del agua que se incorpora al Lago.

Para completar el sistema de aportación de agua procedente de recursos naturales existe la posibilidad de recuperar dos pozos de agua subterránea de la Casa de Campo que actualmente están cerrados. Para ello se han solicitado las oportunas autorizaciones a la Confederación Hidrográfica del Tajo.

Depuración de las aguas

La excelencia de las aguas del Lago se obtiene también gracias a la depuradora que entró en servicio en el año 2004 para adaptarse a la normativa europea. Tiene una capacidad de tratamiento de 1.000 metros cúbicos a la hora que son devueltos uniformemente al estanque a través de una red perimetral de tuberías.

Aunque el nivel de la lámina del Lago está controlado, para evitar posibles desbordamientos existen unos aliviaderos que permiten verter el agua al río Manzanares una vez depurada. Este sistema se ha utilizado para vaciar la parte superior del vaso antes de iniciar las obras de reforma y el agua se ha devuelto a la naturaleza en perfectas condiciones.

Otro de los componentes del ciclo del agua en el Lago es el surtidor vertical instalado en el centro de la superficie. Fue inaugurado en la primavera de 1992 y el chorro puede alcanzar una altura de 60 metros, aunque dispone de un sistema de autorregulación en función de la velocidad de viento existente, medida por un anemómetro colocado en la orilla.

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