Entrevista con una feminista ciclista

8/03/2018

Yolanda Rodríguez Guijarro, especialista en educación ambiental, advisor del proyecto STARS-ECCENTRIC, y, sobre todo, mujer y activista ciclista | © Yolanda Rodríguez Guijarro

Yolanda Rodríguez Guijarro, especialista en educación ambiental, advisor del proyecto STARS-ECCENTRIC, y, sobre todo, mujer y activista ciclista

 

Entrevistamos a Yolanda Rodríguez Guijarro, licenciada en Ciencias Ambientales, especialista en educación ambiental y advisor del proyecto STARS-ECCENTRIC y parte del equipo técnico del programa Educar hoy por un Madrid más sostenible y, sobre todo, mujer y activista ciclista.

Hoy es el Día Internacional de la Mujer y se ha convocado una huelga feminista. ¿Te vas a unir a ella? ¿Cuáles son tus principales motivos?

Por supuesto que me voy a unir a la huelga, la llevo esperando toda la vida (ríe). Me emociona pensar que por fin estamos cada vez más cerca de normalizar y asumir que vivimos en una sociedad patriarcal y consumista que nos sumerge en una sociedad tan desigual y destructiva con los recursos de nuestro planeta. Este modelo económico, de producción sin fin, parte de la base de ese trabajo gratuito que realizan las mujeres cada día.

Esta huelga ya ha sido un éxito porque está en todos los medios de comunicación, en boca de toda la sociedad. Aún recuerdo cuando iba al instituto y el 8 de marzo éramos apenas unas miles recorriendo el escaso trayecto de la calle Atocha. El año pasado la participación fue superior, centenares de miles, pero apenas fue recogida en los medios de comunicación. Este año, sin embargo, ha incendiado cualquier debate político. Hemos dado un paso de gigante del que debemos estar orgullosas.

Me parece lo más lógico participar en una jornada de lucha en pro de los derechos de la mitad de la población en la que estoy incluida ¿Por qué? Por qué me niego a vivir en una sociedad que sigue humillando a mujeres, acosándonos en la calle, agrediendo sexualmente, sufriendo a diario micromachismos aún invisibilizados, juicios sobre nuestros cuerpos, que la muerte de una mujer sea tratada en los medios de manera indiferente… no morimos, nos matan. La brecha salarial, los techos de cristal… Nos sobran los motivos para participar en esta jornada histórica.

La desigualdad de género impregna casi todos los ámbitos de nuestra sociedad. ¿De qué manera se manifiesta en la movilidad? ¿Nos podrías comentar tres ejemplo que consideras los más importantes?

Para empezar porque el diseño de las ciudades perpetúa la desigualdad de género. Se diseñaron pensando que los coches tuvieran prioridad frente a las personas. Y si pienso en quién conduce un coche, estadísticamente será un hombre, blanco y con cierto estatus social. Las ciudades están pensadas para movernos velozmente, y no de manera tranquila y cercana, movimientos realizados mayoritariamente por mujeres, que somos las que realizamos trabajos de cuidados. Apenas un 30% de las personas se mueve en vehículos privados motorizados, ocupando más del 70% del espacio público.

Debemos plantearnos las ciudades como espacios de diálogo, encuentro y cuidados, o dicho de otra manera, generar un urbanismo con perspectiva de género, de esta manera fomentaríamos esta igualdad de género.

Se deben gestionar bien los espacios y tramos urbanos para que los recorridos sean sencillos, y esto afecta a todos los sectores más débiles en la sociedad, no solo mujeres, incluiríamos así a la infancia y a personas mayores o personas con menos recursos. Las redes de transporte se basan en el sistema productivo de trabajo y olvidan concretar el resto de recorridos cotidianos que normalmente ejercen los sectores de población que acabo de mencionar.

Otro punto para detectar si la desigualdad de género se perpetúa en la movilidad es tan sencillo como preguntar a cualquier persona si siente miedo en volver sola a casa (especialmente de noche): una gran mayoría de mujeres contestará que sí, y los hombres sin embargo, es algo que ni se han planteado. Esta enorme diferencia nos debería avergonzar como sociedad. Las estadísticas cifran en que 9 de cada 10 mujeres han sufrido acoso callejero, detectándose en niñas de 9 años. Intolerable. Las calles y el transporte público deben ser espacios para que todas las personas transiten libremente y se sientan seguras al hacerlo.

Por último, si ya nos centramos en el mundo de la movilidad ciclista urbana sigue siendo un mundo de hombres. En estos espacios se siguen reproduciendo los roles machistas como en tantos otros, puesto que el patriarcado instaurado perpetua también aquí la distribución del poder, la competitividad, agresividad frente al tráfico… Las mujeres tenemos otro ritmo y cuesta que nuestros compañeros empaticen con esta visión tan diferente: vamos de manera más lenta, nos cuidamos, percibimos otras sensibilidades ante los miedos que puede generar circular entre el tráfico. Basta con asomarte en ciertos círculos de debate para darte cuenta que a las mujeres no nos interesa ese nivel de agresividad y “valentía ante el tráfico”, falta empatía con los grupos más débiles de la sociedad y quizás esa sea la consecuencia de apenas tener presencia en los colectivos ciclistas.

¿Y de qué herramientas disponemos para cambiar esto? ¿Cuáles son – desde tu punto de vista – los campos de actuación más importantes?

Los campos de actuación más importantes son, por supuesto, desde el replanteamiento de cualquier política pública, que se debe impregnar de feminismo (*recordemos su significado: movimiento que exige los mismos derechos para hombres que para mujeres), así como en el campo de la educación. No sólo en la reglada, también la informal, esa que recibimos en la familia y la que nos aporta la sociedad (y cada vez más el mundo virtual).

A las niñas se nos educa desde edades bien tempranas a que somos diferentes, diferentes en los juegos (generalmente relacionados con los cuidados), en la vestimenta, colores, en la cultura del miedo, a estar quietecitas y siempre sonreír. Sin embargo a los niños se les educa a ser valientes, a arriesgar, a investigar, se les invita a jugar con herramientas, a construir, y a ser más violentos (o ¿sería normal regalar una pistola a una niña?). Esta educación desde la más tierna infancia me parece el origen a todas la desigualdades que vivimos hasta que nos hacemos adultas.

Herramientas tenemos muchas, en educación, en políticas públicas, etc. Está todo inventado. Hay que tener voluntad real en cambiarlo. Lo que necesitamos es poner el acento en que esta desigualdad nos afecta en todos los campos de la vida cotidiana y en este caso considero que es el sector masculino el tiene mucho trabajo por delante para desprenderse de esos privilegios que se les ha concedido de manera inherente. Creo que los hombres nos deben escuchar más, y dar menos órdenes.

Un tema que trabajamos especialmente en el proyecto CIVITAS-ECCENTRIC es el abandono de la bicicleta por las chicas adolescentes. ¿A qué se debe este fenómeno y qué podemos hacer para evitarlo?

Ya he comentado que las mujeres somos educadas desde que somos pequeñas en la cultura del miedo. Miedo a salir solas, miedo a hacer trabajos físicos, a estar quietas y sonrientes, “somos princesas”… ¿cuál es el sinónimo de machote para la mujer? ¿Verdad que no existe? ¿Los chicos habrán oído alguna vez la pregunta “¿qué haces aquí tan solo?” Sin embargo, a las chicas se las bombardea prácticamente cada día con esta pregunta. Al llegar a la pubertad, ya somos conscientes que nos estamos haciendo adultas, pero ya es tarde para hacernos conscientes de esa libertad de la que han gozado los niños: de movimiento, de caminar solas, de tener más fuerza física. Esto se acentúa por el hecho de querer estar siempre “guapas”. Son patrones en el que los chicos no son educados.

Mi opinión es que aprendamos a identificar estas conductas, las cuales debemos educar desde edades más tempranas, educar en igualdad supone muchos cambios cognitivos para el conjunto de la sociedad, no sólo en la escuela: estamos bombardeados por la publicidad, el cine, la música… En ellas se siguen repitiendo mensajes de desprestigio y cosificación a la mujer que sólo perpetúan la desigualdad de género. ¿Cómo podemos identificarlo? Muy fácil, empatizar y hacer un ejercicio de imaginación dónde cambiemos la figura de la mujer por la de un hombre… ¿sería gracioso verdad? Pues sucede cada día en cualquier rincón de nuestra ciudad… (ya sea en una marquesina publicitaria, viendo la TV o escuchando una canción comercial en la radio).

En el último taller de comunicación con nuestras embajadoras y embajadores STARS-ECCENTRIC, en el que tratamos la desigualdad de género, diseñaron un fotomontaje que me enorgullece puesto que resume esta idea:

Si él fuese ella | © Ayuntamiento de Madrid

Si él fuese ella | © Ayuntamiento de Madrid

 

Puede sonar gracioso, pero en el mundo de la bicicleta que todas las personas que nos movemos pedaleando debemos sufrir lo que me gusta denominar como “violencia cochista” a diario. Las mujeres además sufrimos una serie de improperios que cuando los comento con mis compañeros ciclistas, me responden atónitos que ellos no se enfrentan a esas situaciones con tanta frecuencia. Huelga decir que en el 99.9% de estas situaciones violentas de conducción temeraria motorizada (adelantamientos a menos de 1,5 m y a grandes velocidades… insultos…) suelen producirse siempre por hombres (estoy realizando una estadística personal).

Otras maneras de evitarlo: empoderar a la mujer, o políticas de discriminación positiva. Este año desde el programa STARS-ECCENTRIC hemos comenzado una serie de talleres de sensibilización en la igualdad de género, que aunque siguen en fase piloto ya han tenido mucho éxito. Hemos descubierto impresiones sorprendentes. Si os contara lo que ya han oído nuestras jóvenes con apenas 15 años por la calle os escandalizaría. Tenemos que trabajar ya este tema a cualquier nivel y los hombres aquí deben ponerse mucho las pilas.

¿Hay algún mensaje más relacionado con el género y la movilidad que quieres transmitir a las personas que siguen a nuestro blog?

Por supuesto: la bicicleta, además de ser el vehículo más democrático, universal y accesible para todas las personas, es emancipador y empoderador: cuando puedes decidir todos tus movimientos, cuándo y a dónde quieres ir, te aporta libertad. Además es perfecto para recorrer distancias menores a 5 Km. La alegría que te aporta debe ser testado por todas. Desde aquí animo a todas las mujeres que quieran pasarse a este medio de transporte, os necesitamos en este camino hacia la igualdad.

¡Muchas gracias!

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