San Isidro en oración y dos milagros

San Isidro en oración y dos milagros

La composición se organiza en tres viñetas. En la escena superior y de mayor tamaño se sitúa a San Isidro en oración en un espacio interior con ventana, el santo está arrodillado ante un altar ornado con un paño rojo de brocado y un lienzo blanco, sobre el que se dispone un crucifijo. Viste camisa bajo saya parda con vueltas rojizas en cuello y puños y calzas del mismo color. Lleva melena larga y rizada. Sobre el suelo están depositados un sombrero con ala ancha y copa y una pala, en lugar de la más tradicional aguijada.

En las viñetas inferiores, más pequeñas, aparece en la de la izquierda el milagro de los bueyes, en este caso es San Isidro quien conduce la yunta, mientras dos ángeles están a su lado. En el de la derecha se representa el milagro de la fuente con Iván de Vargas con una rodilla en tierra y uno de los criados postrado ante el suceso, al fondo un puente y un paisaje montañoso.

Es una obra un tanto atípica en el contexto de las representaciones pictóricas sobre San Isidro. En primer lugar, por la composición en forma de imagen principal y dos viñetas para la   presentación simultánea del Santo y alguno de sus milagros. Lo más habitual es que los diferentes episodios milagrosos se incluyan en un segundo plano como escenas que forman parte   del mismo paisaje en el que aparece la imagen principal, se aprovechan los diferentes planos para dar perspectiva a la composición.  En nuestra obra este cambio compositivo parece estar condicionado por el contexto en el que se desarrolla la escena principal, al estar en un espacio interior imposibilita la utilización de este recurso.

En segundo lugar, otra característica reseñable es que las representaciones de San Isidro en las que aparece orando suelen transcurrir al aire libre y el objeto de devoción suele ser una imagen mariana. De este modo se conseguía desarrollar iconográficamente la tradición popular que atribuía la ejecución de sus milagros a su intensa devoción por la Virgen.  Aquí, San Isidro reza ante un altar con un crucifijo y los atributos que lo identifican aparecen depositados a sus pies. Curiosidades atípicas en relación a la iconografía más conocida son la presencia de un sombrero de ala ancha, la sustitución de la aguijada por una pala y el peinado del santo.

Todos estos detalles permiten aventurar la hipótesis de que pueda tratarse de una obra de procedencia americana. La vinculación de San Isidro con la figura de Cristo o los elementos de su pasión parece estar más extendida en el nuevo continente que en Europa, lo mismo que la presencia de sombreros de ala ancha en su indumentaria y el cabello largo peinado en pequeñas ondas. Además, en este caso llama la atención la similitud iconográfica y compositiva con algunas representaciones vinculadas al ámbito jesuita del Virreinato de Nueva España, más en concreto con una obra de Miguel Cabrera en el Museo Nacional del Virreinato San Ignacio  velando sus armas ante la Virgen de Montserrat, la figura del santo guerrero es sustituida por la del santo labrador, pero se repiten los atributos presentados, la forma del altar, el tipo de vestimenta, los tonos que dominan la pintura.

La ejecución y parte de la composición resulta más simple y tosca que la del autor antes mencionado por lo que habría que adjudicarla a algún artista local con menos recursos que podría haberse inspirado en esta u otra obra coetánea.

De ser estas apreciaciones correctas y dado que la obra aludida está fechada en 1756 podríamos considerar la ejecución de este San Isidro en torno al tercer cuarto del siglo XVIII.

Esta posible procedencia americana y los originales detalles iconográficos constituyen un aspecto interesante para su adquisición por el Museo, que viene desarrollando una línea de adquisición en este sentido en los últimos años. Desde este punto de vista, su incorporación a la colección permanente permitiría acrecentar el número de obras existentes procedentes de este contexto cultural y ofrecer una representación del Santo que por su   composición y detalles iconográficos resulta inédita en el Museo.

La obra tiene mal estado de conservación con la capa pictórica muy cuarteada, hay repintes y el barniz se presenta muy oxidado.

 

Anónimo

San Isidro Labrador en oración y dos milagros

Mediados del siglo XVIII

Lugar de producción: Virreinato de Nueva España ¿?

Óleo sobre lienzo

Medidas: 123 x 83 cm. s/marco

Adquirido a César Díaz-Aguado Martínez

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